El oso de los ojos azules

Arancha García/ enero 7, 2016/ Mundo comunicación/ 0 comentarios

Clara, una niña jovencita morena de cinco años; vivaracha y con desparpajo vive las afueras de la ciudad. Cada día baja y sube sola al colegio en el que cursa segundo de secundaria. También, va siempre sola a ballet, al cine, al pabellón de deportes, a las fiestas de la ciudad, y a la cabalgata de Reyes, cumpliendo así su cita de la tarde del cinco de enero.
Nunca los vecinos la han visto jugar en la calle y tampoco en el pequeño patio que sus padres, Lara ama de casa y Santiago oficial albañil tienen muy bien cuidado, repleto de margaritas, gladiolos y geranios. A diferencia de su hermana menor Elena, que suele trastear entre las flores.

Una infancia la de clara marcada por la rutina y que aún ahora perdura. Continúa con el delicioso bocadillo de nocilla que cada día le lleva su madre con puntualidad a la habitación, con las matemáticas que ya no son sumas y restas, con los tiempos verbales y la ortografía, con el italiano, además de jugar.

Seis de enero. 06:15 horas de la mañana. Bajo un frío inhóspito y, después de despertar a su hermana Elena, Clara baja de su Buhardilla con los ojos casi pegados, el pijama de dibujos de princesa y descalza para buscar los regalos que sus Majestades los Reyes de Oriente les habían dejado junto al árbol la madrugada del 5 de enero.

Paralizada, desencajada, busca y rebusca, mira los paquetes. Se agacha y sale veloz al sofá.

-¿No me han traído nada Los Reyes?- repite con cierta agonía en su voz- ¡Una tarjeta vacía con luces y canciones de navidad!

Un chorro de aire fresco le roza la espalda, se gira, y se encara a su hermana Elena… ¿Te lo han traído todo?- Espeta con un tono que denota un ligero enfado: «El juego de figuras de barro, el león parlanchín… ¡El oso de los ojos azules!» -Lo deseaba tanto…-

-Clara, apoyada en la butaca que tiene a los pies de su cama, no deja de llorar.

-Le dice la más pequeña: -Clara, quiero darte un abrazo ¿me dejas?-

La mira y piensa sin mediar palabra. La abraza fuertemente y dice: -¡Canija!…- Sin dar tiempo a más, Elena le entrega el oso de ojos azules.

Perdóname canija. Nunca me has dejado sola, soportas mis enfados, las veces que me como la nocilla a escondidas, no te ayudo hacer los deberes, y tú, -titubea -, tú, me regalas «el oso de los ojos azules» que más has deseado en tu vida… sollozando dice: -Tú eres mi mejor amiga, canija…-

Y el oso de ojos azules, sonrió.

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